sábado, 4 de octubre de 2014

FRIOL Y LA LEYENDA DE DOÑA CATALINA DE SANTISO














FRIOL Y LA LEYENDA DE DOÑA CATALINA DE SANTISO

Las tierras de Friol fueron colonizadas por los romanos, lo que no resulta extraño, ya que teniendo en cuenta que la capitalidad del convento jurídico lucense era Lucus Augusti, permite suponer que estas tierras fueros romanizadas en época temprana.
Madoz supone que la antigua mansión del itinerario de Antonio, denominada Caranicum, Coránico o Caronium redúcese a la actual parroquia de Santiago de Guldriz. Aunque hoy se opina que estuvo aquella en la actual “Graña de Vecìn”, en el ayuntamiento de Trasparga. Pero que algo significaba en lo antiguo está comarca, lo prueba el ser uno de los más ricos condados de la provincia lucense, en tiempos ya de los reyes suevos, el de Narla, tan de Friol como que la parroquia que lleva aquel nombre no dista sino 4 Km. de la capital del ayuntamiento.
De la época romana aparecieron restos en una vía al construir un puente sobre el río Narla en Friol, vía que es de suponer que fuese una derivación de la que pasaba por Aparraqua o Parga, y que se comunicaría con la que de Lugo iba cara el sur.
De época similar debió ser el castro o la Rocha de Narla, en la cual estuvo la casa y castillo de los Ulloas. <<En San Pedro de Narla – dile Madoz – hay un elevado ribazo llamado Castro de Narla, que se supone un antiguo fuerte o vigía, aunque no conserva vestigios de haber tenido edificio>>.
De todos modos, que en tiempos pre-romanos debió ser una comarca importante, lo demuestra el gran número de mámoas descubiertas en él y que hizo célebre al licenciado Pedro Vàzquez de Ornas, clérigo y dueño y señor del Coto de Remecil de Parga, más vulgarmente conocido por El Indiano, por haberse criado en América.
Vàquez de Orjas <<denunció, registró y manifestó por hacienda real ( a principios del siglo XVII ) todas las mámoas de gentiles galigrelos, de algunas de las cuales, se dice, que tienen oro>>.no seguiremos paso a paso los detalles del proceso a que dieron lugar la terquedad del señor de Remecil y la codicia de los naturales del país, apresurándose a registrar cuantas mámoas tropezaban a su paso ( 139 ), hasta el punto de que las informaciones obtenidas en el último trimestre del año ( 1609), varios testigos vecino de las jurisdicciones de Friol, San Payo de Narla, Orden de Santiago, Tierra de Gayoso, Puertomarìn, Parga, Trasparga, Ribeira de Pigra y Cotos de Sobrado... afirman << que están al presente abiertas de 300 a 400 mámoas y que todas ellas se abrieron de noche y ocultamente, de modo que no se sabe quiénes las abrieron ni lo que en ellas encontraron, pero es cosa pública que de algunas de ellas se sacaron tesoros>>.
Entre las mámoas que en el famoso pleito se citan, constan, como la de mayor importancia, la Dos Castelos, en la jurisdicción de la Torre de Narla, de la que era dueño Don Alonso Ordèñez das Seixas; la de Anafreita, la de Porto Anguieiro en Anxeriz, la se Reigosa y otras. 
Todo ello demuestra en último término, que en aquel territorio debieron existir tribus celtas, detrás de las cuales llegaron huestes romanas que edificaron tal vez ciudades de la que hoy ni aun el recuerdo queda.


LA LEYENDA :

DOÑA CATALINA DE SANTISO
(Esta, que parece simplemente una leyenda, es relación de hechos reales y figura escrita por un monje en una Historia manuscrita del Monasterio de Sobrado, en el siglo XVIII.)

En el ayuntamiento de Friol ( Lugo ) aún se conserva en buen estado el castillo de San payo de Narla. Uno  de sus señores fue Don Vasco das Seixas, que se casó con Doña Catalina de Santiso, hija del hidalgo Don Sancho López de Santiso, que vivía en la parte de Asturias que antiguamente perteneció al Reino de Galicia.
Doña Catalina era una señora  virtuosa y caritativa. No así su marido Don vasco, de carácter vehemente, exaltado e irreflexivo, a quien temían no sólo sus míseros vasallos, sino hasta los mismos hidalgos vecinos suyos, que, en cambio, querían y respetaban a Doña Catalina.
Algún tiempo después, Don Vasco das Seixas empezó a sentir por su mujer una aversión profunda y cruel; no se sabía si era porque Don Vasco la despreciaba, pereciéndole que su sangre era menos noble que la suya, o porque ardían en su corazón otras pasiones que le hacían olvidar el amor de su legítima esposa. Tal vez fuese la caridad y el amable trato de Doña Catalina tenía para con sus vasallos, a los cuales Don Vasco aborrecía y atropellaba, imponiéndoles gravosos trabajos e impuestos.
Hasta que un día, pregonando que la había sorprendido con un amante, pretendió envenenarla para borrar aquel ultraje, deshonrándola y librándose de ella por aquel medio. Pero el veneno no logró lo que Don Vasco deseaba, quizá por no estar bien preparado, o por ser débil.
Pero Don Vasco sentía desde entonces todavía mayor desprecio y odio contra la desdichada Doña Catalina; y aconteció que el día de Todos los Santos, en un rapto de aversión, él mismo clavó su daga en el pecho de su esposa por dos veces, viendo con loca alegría cómo la infeliz caía muerta a sus pies.
Don Vasco huyó a Portugal; el cadáver de Doña catalina estuvo cuatro días en la torre del castillo, mientras salían emisarios en busca de su padre. Al fin, llegado a Narla don Sancho, fue enterrada en una capilla del monasterio de Sobrado.
Posteriormente, el padre de Doña Catalina pidió a la Real Audiencia de A Coruña que se hiciera una investigación sobre la muerte de su hija.
El cadáver fue desenterrado y cuantos estaban allí presentes vieron, asombrados, que la señora parecía estar dormida; tan fresca como el día mismo en que había muerto, con las mejillas sonrosadas y una sonrisa en sus labios húmedos.
Después le descubrieron el pecho y, apartándole las manos que tenía cruzadas sobre él, pudieron observar cómo de las heridas que le causó su esposo brotaba suavemente la sangre tibia cual si todo hubiese ocurrido en aquel momento.
Aquel milagro fue tenido como una demostración de la inocencia y santidad de Doña Catalina.
Súpose, pocos días después, que Don vasco das Seixas, había sido muerto a estocadas en Portugal, en una riña que se había suscitado entre varios hidalgos de la casa del duque de Braganza.

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